Han pasado quince años desde que David Civera se presentara a Eurovisión con “Dile que la quiero”, gran “pistoletazo” de salida en una carrera durante la que no ha dejado de hacernos cantar y bailar
David Civera es ese tipo campechano del que cualquiera se haría amigo casi al punto de conocerlo. Sencillo, humilde y natural, el artista nunca ha abandonado su Teruel natal ni su mujer, Ana María Benedí, con la que se casó en 2007 y ha tenido a sus dos hijos, Daniel y Laura. Todo un padrazo con sus niños en casa y un superventas como profesional con tres discos de platino y uno de oro de trabajos como “Dile que la quiero”, “En cuerpo y alma” o “La chiqui big band”, que incluyen éxitos como “Que la detengan”, uno de sus temas más populares. Ahora, con arreglos actualizados, David vuelve al mercado lanzando “15 aniversario”, recopilatorio con dos melodías suyas inéditas que, desde que se publicó, le está dando muchas satisfacciones.
-En quince años han cambiado mucho las cosas… ¿Te quedan ganas de seguir tal y como está el panorama?
-Cuando miras atrás y ves lo difícil que es hacer una buena gira y te das cuenta de que hoy día parece que todo vale es normal que te desilusiones. El nacimiento de mi hijo, hace cinco años, me cambió la vida y al año y diez meses llegó mi hija y entendí que tenía que parar primero para dedicarme a ellos y luego para dedicarme a mí. Apenas había hecho nada de practicar deporte, leer, ver cine, estudiar astrofísica… Era una máquina de trabajo y después de ese punto de inflexión, tras recomponerte, da una pereza tremenda volver. En mi matrimonio era más fácil que yo renunciara a lo laboral para criar a mis niños y así lo hice.
-¿Has sido entonces más “ama de casa” que tu mujer?
-No, hombre. Ella ha tenido su lugar pero sí es cierto que en su ausencia de horas estaba yo para educarles y “darles caña”.
-¿Con qué ojos contemplas tu etapa primera? ¿Nostalgia? ¿Alegría? ¿Pena?
-Pena da que ni se vendan discos ni se hagan conciertos a no ser que te la juegues tú como empresa. Somos muchos los que estamos ahí así y es triste pero no me agarro a esa tristeza sino al que “que me quiten lo bailao”. Me considero un tío privilegiado. Mis primeros seis y siete grabaciones fueron intensas y uno no se puede realizarse personalmente siento “número uno”. Yo lo fui cinco años y todas las miradas estaban sobre mí. Era muy estresante.
-La crítica no suele reconocer lo que tiene éxito popular… ¿Te has sentido minusvalorado alguna vez en este sentido?
-No me ha afectado pero es cierto que yo durante mucho tiempo fui “el artista estival”. Ojalá tuviera treinta veranos como Georgie Dann. ¡Ríete tú de carreras como la suya! Tampoco he rozado el extremo comercial haciendo algo banal. “Perdóname” o “Bye Bye” tienen historia. No me asustan los sellos ni las modas aunque a la gente le cuesta aceptar que te vas haciendo mayor y vas evolucionando. Mi “top” es “Quien la detengan” igual que a Sergio Dalma le pedirán “Bailar pegados” toda la vida.
-Con tantos triunfos conocerás el secreto para que una melodía funcione…
-Nunca se sabe. Lo mismo al público le da por algo muy bestia que por algo facilón y bobo. En pocas ocasiones converge el éxito con la categoría del tema.
-Te has reinventado mil veces… ¿Te verías haciendo reggaeton?
-No… He hecho desde tango a “big band” pero no eso. Si habláramos de comercialidad extrema para estar en la radiofórmula debería probar pero creo que para mí sería un paso atrás y, como puedo elegir… He ido madurando y no me apetece. Antes haría algo clásico.
-Las intérpretes femeninas se quejan por la tiranía de la imagen, ¿contigo también pasa?
-Al contrario. La edad puede favorecer. A nosotros se nos exige menos a nivel de imagen. Una mujer hace tres canciones y se pone tres vestidos y un hombre puede cambiarse solo la camisa. Aparte ellas son más coquetas y compiten más… Envejecer con dignidad tiene belleza. Cuando Sergio Dalma decidió dejarse sus canas y decir “tengo cincuenta tacos y esto es lo que hay” pensé: “Esto va a reventar”. Y así pasó. Es más creíble. La naturalidad traspasa lo que te obligan a consumir.
-Están muy de moda los álbumes de duetos… ¿Algunos nombres para uno?
-Pues no sé… Carrasco, que compone brutal, Vanesa Martín, Rosana, Alejandro Sanz, con el que hemos crecido los de mi generación, Eros Ramazzotti y Roberto Carlos, a quien me encantaría mirar a los ojos.
-¿No volverías a la “tele”?
-Se me ha llamado un par de veces para “Tu cara me suena” pero no ha cuadrado aún. Daría juego aunque lleva un “curro” tremendo. Como “Mira quien baila” que no gané por ser el que mejor bailaba sino porque la televisión me quiere mucho. Nací entre las cámaras con 17 años en “Lluvia de estrellas”. Me he criado ahí.