A lo mejor es un cuento chino que nos dicen para que no desfallezcamos en nuestros anhelos pero, sin que todo sean siempre finales felices, yo, que por propia experiencia lo he vivido, me lo creo. Toda lucha tiene su recompensa. O, al menos, suele tenerla. Esforzarse en algo, poner tu empeño completo, intentarlo por todos los lados y, sobre todo, no rendirse nunca, hace que tarde o temprano terminemos viendo alguna luz donde, tal vez, antes todo eran sombras.
Eso es lo que le ha pasado a Manuel Díaz, “El Cordobés”, esta semana cuando ha comprobado cómo su PADRE, ya con mayúsculas, reconocía en una grabación que era hijo suyo y que, por qué no, lo mismo decide acercarse a la corrida conjunta que él y su otro hijo, Julio, compartirán el once de marzo en Morón de la Frontera.
48 años han pasado desde que nació Díaz y la mayoría de ese tiempo ha estado implicado en una carrera desesperada por pregonar oficialmente a su progenitor, por demostrar al mundo una verdad que él tenía muy clara pero que necesitaba escuchar de boca de esa mitad, junto a su madre, responsable de que su existencia. Con una sonrisa siempre en los labios, Manuel ha sido claro y ha actuado siempre de muy buena fe, respetando las decisiones que al respecto el otro Manuel, Benítez, ha ido tomando.
Por eso la vida le ha premiado y por eso ha alcanzado uno de sus objetivos. Queda el cara a cara, la reconciliación y el ponerse al día de tanta ausencia. Poco a poco.

