Cuando esta semana ha caído la bomba informativa de la supuesta separación de Paula Echevarría y David Bustamante hay mucha gente que se ha sorprendido pero otra mucha que no. Igual que cuando se destapó que el rey Juan Carlos tenía amantes y hacía una vida independiente de la reina Sofía desde hacía muchísimos años. ¿O no éramos conscientes entonces de que en la Casa Real la vida conyugal entre los monarcas era inexistente? Claro que aparecían juntos en actos públicos, y viajaban, y se les veía sonreír… ¿Y? Vivimos en sociedad y, cuando existen tantos intereses como son, en general, los que nos rodean (y más a este tipo de personajes), terminamos detrás de caretas que a veces solo muestran una mínima parte de lo que la realidad es.
Secretos a voces como esos sobre los que ya circulan entre Donald Trump y su esposa, Melania, los cuales, al parecer, residen en ciudades separadas y coinciden lo justito para cumplir con el papel que les ha tocado representar. Ya lo decía Calderón de la Barca: “El gran teatro del mundo”. Por eso tampoco hay que dramatizar con la ruptura de Pau y David. Al final, si la suya no era una unión feliz, si discutían tanto como se ha escuchado, si, volviendo a la rumorología, todos los esfuerzos los hacían sobre todo por su hija, no merecía la pena. Daniela les querrá más si son felices y van con la verdad por delante. Porque, por mucho que intentemos ocultarlo, tare o temprano, todo termina sabiéndose.