Isabel Pantoja regresó el sábado por la noche a Sevilla cuatro años después de su anterior actuación en su ciudad pero, a pesar del derroche general, no todo estuvo a la altura de la última de las grandes folklóricas

GRA320. SEVILLA, 24/06/2017.- La tonadillera Isabel Pantoja durante su actuación esta noche en Sevilla, su tierra natal, dentro de la gira de su nuevo disco “Hasta que se apague el sol”, escrito, compuesto y producido por el desaparecido Juan Gabriel e interpretado junto a una Orquesta Sinfónica. EFE/Raúl Caro CONCIERTO DE ISABEL PANTOJA EN SEVILLA
Que Isabel Pantoja es una “estrella”, nadie puede dudarlo. Le disguste a quien le disguste. La tonadillera es el último eslabón entre las grandes folklóricas y la actualidad, la única superviviente activa del género de la copla que mantiene la trascendencia de otras como Concha Piquer, Juana Reina, Marifé de Triana o Rocío Jurado. Más allá, la intérprete también toca otros géneros -como la canción ligera, la ranchera, el bolero o el flamenco-, tal y como demostró el sábado por la noche en el Estadio Olímpico de Sevilla (y viene demostrando a lo largo de su extensa carrera de más de cuatro décadas ya –recordemos que tiene 60 años y empezó en esto siendo una niña-).
Cierto es que a Isabel, igual que hay quien la ama incondicionalmente, hay mucha gente que le tiene manía. Y que hasta la odia. Pero aviso desde ya que no es el caso de quien suscribe estas líneas, que lo hace desde el mayor ejercicio de objetividad que es posible dentro de las filias y las fobias que todos tenemos (y, cómo no, dentro del sentido del gusto que, en función de cada uno, es uno u otro). Porque por ahí va el primer “pero” de la puesta en escena que “la” Pantoja quiso hacer coincidir en su tierra con el día de San Juan, nombre de su padre, de su hermano y de su compadre, Juan Gabriel, a quienes dedicó la velada.
Bravo por la salud de su garganta, que resiste el paso del tiempo con la fortaleza vital que la artista demuestra ante cualquier avatar, y bravo por su innato dominio escénico el cual, aunque durante esta última etapa ha estado más limitado por las circunstancias que la alejaron de la libertad, nunca ha perdido (hasta durante el minuto en el que se fue la luz y hubo que parar la representación estuvo a la altura del incómodo instante). Bravo por la iluminación, por el sonido, por la orquesta y por el coro. Sin embargo, sintiéndolo mucho por el creador (o creadores) de su vestuario, Isabel Pantoja necesita una ropa mejor que la que lució para su público. Desconozco si es el más caro o si es el de mejor confección pero el diseño de sus trajes no estuvo a la altura. Y eso, en un presente donde la imagen tanto se valora, debe ser destacado.
Con una puesta en escena dividida en tres partes (temas de sus disco actual, “Hasta que se apague el sol”, y éxitos de su trayectoria; copla y flamenco), cada una con sus respectivos cambios de “looks”, el más salvable era el por el que optó para su momento central “cañí” porque los otros (y, sobre todo, el rosa pálido primero combinado con unos zapatos que mejor ni tenerlos en cuenta), no gustaron. A mí por lo menos, no. Igual que me pareció excesivo el uso de postizos para crear una melena tan irreal como frondosa.

GRA324. SEVILLA, 24/06/2017.- La tonadillera Isabel Pantoja (d) durante su actuación esta noche en Sevilla, su tierra natal, dentro de la gira de su nuevo disco “Hasta que se apague el sol”, escrito, compuesto y producido por el desaparecido Juan Gabriel e interpretado junto a una Orquesta Sinfónica. EFE/Raúl Caro CONCIERTO DE ISABEL PANTOJA EN SEVILLA
Eso, en lo que a la cuestión estética se refiere. En cuanto a la duración, el montaje fue largo. Muy largo. Tanto como más de tres horas que estuvo dándole que te pego cantando ya por cantar temas enteros o popurrís que, si bien son una solución para dar cabida a más melodías, tienen el peligro de dejar con la miel en los labios al no completar ninguna partitura completa. Menos es más y, en este negocio del “show business”, está visto y comprobado que es preferible dejar con ganas al respetable que no que esté deseando a que la cosa termine para salir pitando (y más con el calor que hacía en el recinto).
Más allá, la expectación fue tremenda cuando apareció la “corte” (permítanme la broma) de la “reina Isabel”, esto es, Chabelita con su Alejandro y su hijo, Alberto; Kiko Rivera con su mujer, Irene Rosales, y su hija, Ana; la amiga incondicional del clan, Raquel Bollo; y, cómo no, la gran matriarca, doña Ana Pantoja. Todos provocaron el que mucha gente quisiera acercarse a curiosear y hacerse fotos rompiendo los límites del respeto y provocando, cuando intentaron sacar instantáneas de la pequeña del DJ, que éste se cabreara y diera un manotazo a una señora, tirando su móvil al suelo y provocando un enfrentamiento, con empujones y gritos, ante una tercera persona que salió en defensa de la mujer aludida.
Anécdotas de una noche que, a pesar de todo, pasará a la historia. Haga lo que haga y sea como sea ella, cada paso que da Isabel Pantoja es un capítulo más de una biografía que, con más drama que comedia, sigue generando el máximo interés. Dixit.


