Rocío Carrasco y Antonio David Flores se vieron las caras ayer en el juzgado ante la presencia de David, el hijo de ambos, que acudió a la cita acompañando a su padre
El encarnizado enfrentamiento que llevan manteniendo desde hace años Rocío Carrasco y Antonio David Flores parece no tener final y ayer pudimos vivir un nuevo capítulo de una guerra en la que, más allá de la ex pareja, están implicados sus hijos. Así, Rociíto había demandado al que fue su marido por quebrantamiento de custodia compartida en 2016 cuando Antonio David debía entregarle a su primogénito, David, que nunca llegó a reunirse con su madre porque, a pesar de tener entonces 17 años (menor de edad), en dos meses cumplía los 18 y su voluntad era la de no encontrarse con su progenitora.
Todos ellos coincidieron en los juzgados de Alcobendas para declarar en un pleito al que el ex guardia civil, lejos de ir solo, se presentó con su mujer, Olga, y con el mencionado David el cual, según la denuncia de su madre, faltó a la boda de ésta con Fidel Albiac por culpa de la decisión de su padre de no llevarlo con ella, con el consiguiente dolor que esto causó en tan incomprendida mamá. Sin querer hacer declaraciones, el abogado de Antonio David, comentó en “El programa de Ana Rosa” que preferían optar por la prudencia y esperar el desarrollo de los acontecimientos para pronunciarse al respecto.
Con una boda celebrada en marzo de 1996 –y un divorcio en 1999 del que algunos apuntan a infidelidades de él como detonante-, la hija de “la más grande” dio a luz de esa unión a Rocío, en 1996, y a David, en 1998. El amor quedó atrás y desembocó en una gran enemistad que en la actualidad ocupa numerosos titulares en los medios y que hasta ha llegado al Juzgado de Violencia sobre la Mujer, ya que el fiscal del caso considera que existe un maltrato continuado en las declaraciones, comportamientos y actitudes de Antonio David desde que rompió su relación con Rocío hasta la actualidad.
Se mire por donde se mire no es un tema agradable ni que parezca tener una solución que satisfaga por completo a nadie. Remover demasiado un pasado feo nunca es buena idea.

