El certamen celebra su décimoquinto aniversario reduciendo a una sola jornada la celebración de unos desfiles centrados en firmas sevillanas (o vinculadas a Sevilla)
Hubo un tiempo en el que Andalucía de Moda era lo máximo. Varios días de desfiles, modelos nacionales, ubicaciones tan fantásticas como el Pabellón de la Navegación de la Expo 92, una gran cobertura mediática… Sin embargo, poco a poco el certamen, igual que el famoso hombre menguante de la película, ha ido reduciéndose hasta quedarse en la mínima expresión, el miércoles pasado en el Palacio de los Marqueses de la Algaba. Y así, una iniciativa que traía firmas de diferentes puntos de nuestra comunidad autónoma -atendiendo a la denominación que tiene-, ha pasado a una sola tarde con seis desfiles de nombres tan vinculados a Sevilla como los de Daniel Carrasco, Julián Ortiz o Alejandro Postigo.
Desconocemos si se trata de un problema presupuestario -ya sabemos que las instituciones hoy día no entregan el dinero tan alegremente como antes-, pero lo cierto es que estamos ante una cuestión que habría que resolver si no queremos correr el riesgo de que suceda como con la recordada “Semana de la Moda de Sevilla” la cual, aludiendo al dicho, “entre todos la mataron, y ella sola se murió”. Lo mismo el sector de la moda debería por una vez al menos unirse por una misma causa y defender iniciativas que merecen la pena y que, todo hay que decirlo, siguen convenciendo al público. Porque en honor a la verdad, el citado espacio de la calle Feria no tenía suficiente aforo para atender a todos los asistentes.
Sea como sea, lo cierto es que, más allá de una experiencia llamada “Fashion Shop-in” -en el que algunos establecimientos, todos de Sevilla también, mostraban sus productos por internet-, Andalucía de Moda comenzó a las cinco de la tarde y terminó a las diez y media de la noche un 8 de noviembre de 2017 en el que, para más Inri, hacía frío y todo transcurría en torno a un patio. Allí, Daniel Carrasco mostró algo que sabe hacer muy bien: ropa para un hombre juvenil y arriesgado y al que no le da miedo jugar con el vestir. García Forcada apostó por una mujer femenina, a la que le gusta enseñar su silueta dentro de la elegancia del negro. Por su parte, Felipe Duque desplegó su paleta de transparencias, encajes y lentejuelas para ellas y llevó las chaquetas y pantalones de ellos (sí, él también hace chicos) a un “oversize” muy dentro de los parámetros de la comodidad. Bonitos los tejidos de Iván Campaña, y el concepto marino del que revistió una colección coherente y trabajada. Y en cuanto a Julián Ortiz, ¿qué decir? Pues que su vocación de crecimiento se nota, acercándose a acertados destinos en los que el de Utrera juega con sus patrones casi como quiere (especialmente en el terreno de la amplitud de los cortes) aportando un resultado óptimo. Para cerrar, Alejandro Postigo imaginó esa mujer amante de los tonos nude y siluetas muy marcadas dentro de tejidos de excelente calidad.





