Con su monólogo “Frótamela. La historia de un genio”, el líder de los “Mojinos Escocíos” se ha presentado en su tierra, ayer y hoy, colgando en el Teatro Quintero el cartel de “No hay billetes”
A sus 47 años puede estar tranquilo de que, por fin, es profeta en su tierra. Pues, aunque eso estuviera claro, estas dos representaciones en el Teatro Quintero de “Frótamela. La historia de un genio”, terminan de disipar cualquier duda en el corazón de un hombre que, por encima de todo, es eso: pasión y sentimiento. Y es que, a pesar de sus grandes dimensiones y su aparente irreverencia, Miguel Ángel Rodríguez, “El Sevilla”, es un buen tipo, con un carácter generoso y “disfrutón” que le aleja de conflictos y “malos rollos”. Eso sí, si hay algo que caracteriza al líder de los “Mojinos Escocíos” -como intérprete, escritor o, en esta ocasión, actor- es cómo intenta contemplar las cosas con ese sentido del humor que nunca pierde y sobre el que ha construido un monólogo en torno a que gira una conversación donde hemos tenido oportunidad de charlar de otras muchas cuestiones…
-Tu obra es un texto tuyo, con dirección artística, que parte de la soledad, ¿verdad?
-Así es. Mientras que anterior producción, “Reflexiones del hombre lengua”, giraba en torno a la felicidad, ahora llegamos a la conclusión de que queríamos rescatar la figura del genio de la lámpara porque no hay nadie más solo que él. Pasa 200 años encerrado así que, imagínate lo que se encontraría hoy día si volviera a salir… El teléfono, Internet, el fútbol… ¿Eso es bueno o es malo? A partir de ahí se plantean una serie de cuestiones pero, sea como sea, se trata de una comedia desde que empieza hasta que termina. Y, en todo momento, lo que hacemos es prepararnos para cuando llegue el final y toque frotar la lámpara y solicitar los tres deseos.
-… ¿que suelen ser?
-Bueno, tienen en común que lo que tú le pedirías es para ti y, lo que yo, para mí. En mi caso lo más maravilloso que tengo en el mundo es mi madre pero, ¿estaría en tu cabeza que el genio te la devolviera, si no ella estuviera, o que nunca te faltase? El público viene a reír y no se espera la parte trágica, que son quince segundos pero está ahí.
-Mucha gente querría, de presentársele la ocasión, ser millonaria… ¿Cuál es el valor que le das tú al dinero?
-Es que tengo una edad… A los 20 lo sería todo pero, a estas alturas, no. No lo tengo. Podría permitirme llevarme, como mucho, un año sin trabajar, aunque no guardo para mucho más (y me da para un año porque en mi profesión es prudente tener un fondo). Además, ¿para qué quiero ser rico si voy a ver cómo desaparecen todos los míos o puede faltarme la salud?
-Ante el genio, ¿optarías por amor o por sexo?
-Hombre… No quiero esquivarte la pregunta, aunque eres un “mamonazo”… (risas). Me encantaría tener la misma actividad sexual con mi mujer que cuando era mi novia, hace quince años, pero no la dejaría por faltar eso porque valoro más estar con mis hijos en casa. Me peleo con ella sin plantearme separarme pues ya pasé por eso una vez y sufrí mucho al no poder criar a mi hija, que ahora está conmigo. ¡Claro que de joven me hubiera encantado tener la “picha” por la rodilla para ducharme en el gimnasio mirando a los demás vacilando! Pero es que lo que deseas va cambiando según la etapa vital en la que estés.
-¿Crees en el ser humano en positivo?
-Totalmente. Sí, sí. Y no me importan los malos, que también pueden aprender (o podemos aprender los que estemos alrededor). Aunque no vaya arreglar el mundo, si a las 700 personas que me acompañen en el teatro estos dos días logro levantarles la autoestima, me doy por satisfecho.
-¿Y a nivel político? ¿Habría algo para hacer realidad?
-Que funcionara una anarquía, es decir, exterminar a los políticos. Lo que pasa es que eso es una paradoja. Me sacrificaría porque no hubiera hambre o guerras pero somos tan egoístas que terminamos pensando en nosotros.
-Cambiando de tema, ¿tener lleno el Quintero es sentirte “profeta en tu tierra”?
-Ya me sentí cuando vine con “El hombre lengua” en el teatro de Salesianos. Lo que pasa es que era un espacio incómodo. En el Quintero me verás emocionado seguro. Esto es como cuando tienes un niño que es guapo. Uno lo sabe pero te agrada que te lo digan y yo soy consciente de que, con esta función, me ha salido un poco lo que buscaba.
-¿Y la música? ¿Dónde queda?
-Pues ahí sigo con Mojinos, después de 22 años. Estamos, a fecha de hoy, en 52-54 conciertos -gracias a la contratación que hace nuestro mánager, que es de puta madre-, que pueden ampliarse hasta los 70. Lo que pasa es que eso se concentra entre junio y octubre y yo, aparte, he puesto en marcha estos proyectos teatrales para cubrir el resto de meses.
-¿La tele?
-Es que ahí soy muy selectivo. Hago lo que me gusta y sí que me están llamando. La pasada temporada me propusieron “El debate” de “Gran Hermano” pero no entiendo por qué se acordaron de mí para ese programa, porque no me veo. Voy de vez en cuando a “Pasapalabra” y sé que estoy en “lista de espera” para lo de los cocineros pero esto es como las capas de la cebolla. Primero va Segura y Vaquerizo y yo quedo en zonas más bajas (risas)…
-¿Una isla no te seduce?
-Me han contactado tres veces, pero es que no me interesa para nada lo que ocurre ahí, por muy conocidos que sean los personajes que van. A Francisco lo admiro y Adrián es como mi hermano, pero ni por ésas.
-Continuamente hay “talent shows” que buscan nuevos artistas… ¿Tanto talento hay?
-Bueno, el otro día lloré con una niña que tiene ocho o nueve años y canta ópera… Claro que hay talento pero también hay sobresaturación de esos concursos. ¿Cómo le explicas a los chavales que han ido a Eurovisión que eso va a ser lo último que van a hacer en su carrera? Ojalá triunfen pero, en estos últimos 22 años, casi todo el que ha ido al Festival no ha trascendido.
-¿Nos representarías tú?
-Sí y estoy seguro de que quedaría mejor que todos los que van.

