El actor, en un momento de equilibrio vital a sus 40 años, protagoniza “Prometeo”, en el Festival de Mérida, junto a Lluis Homar y Amaia Salamanca
Es un actor de raza. De esos que aman su profesión y se entregan a ella en cuerpo y alma, dando lo mejor de él mismo en cada proyecto. Por eso no es amigo de fiestas ni de revistas del corazón ni de nada que no tenga que ver con su trabajo donde, bien en cine, televisión, teatro o música, va enlazando un éxito detrás de otro como ahora, con “Prometeo”, dirigido por José Carlos Plaza y con compañeros de excepción que conforman un cartel de lujo que ha hecho que Fran Perea regrese al Festival de Teatro Clásico de Mérida. Y con ésta, van tres veces ya…
-¿Cómo te sientes dando vida a clásicos? ¿Son personajes con algo especial en relación al resto que pueden llegar a ti como actor?
-Bueno, suben la intensidad en todo. Si sufres, sufres a tope. Y luego nos invitan a reflexionar sobre los grandes temas que han preocupado a la humanidad.
-Normalmente son textos con moraleja… ¿Cuál es la de “Prometeo”?
-Aquí está clara: la conveniencia o no del fuego. Hay dos Prometeos en la función. El joven, que acaba de robarlo y sufre la condena de Zeus, y el anciano, que recuerda por qué hizo lo que hizo.
-En este caso compartes reparto con conocidos como Lluis Homar o Amaia Salamanca… ¿Duelo de Titanes?
-Con José Carlos Plaza eso no es posible. Por mucho nombre que tengas los dioses te están vigilando (risas). Es un trabajo muy verdadero y José Carlos nos permite llegar a la profundidad del personaje, concentrados en lo que tenemos que estar concentrados y quitándonos las tonterías.

-¿El teatro te está dando las mayores satisfacciones interpretativas de tu carrera?
-Antes de la televisión y de ser popular, yo era un actor de Málaga que empecé en teatro. Fue lo primero y, aunque me guste todo, el contacto con el público tiene algo que se te mete en las venas. Es cierto que la música, el cine o la tele también me dan satisfacciones porque, en el fondo, lo que me excita profesionalmente es el cambio.
-Sin embargo, el teatro es más duro y da menos dinero que otras plataformas, ¿no?
-Sí, lo que pasa es que, de vez en cuando, lo necesitas y, cuando te gusta, vas a él.
-Llega este proyecto a tus 40 años… ¿Cómo valoras este punto de inflexión?
-Me considero afortunado. He tenido la oportunidad de vivir cosas, personal y laboralmente, estupendas y lo afronto con alegría, con la cabeza un poquito amueblada… Llegar a los 40 y hacer una reflexión sobre el fuego merece la pena o no, es, como poco, interesante.

-¿Se sigue siendo joven con esa edad o se está alargando la juventud demasiado?
-Hombre, yo me miro al espejo y considero que no estoy mal (risas). La verdad que me veo joven, aunque de cabeza es distinto. Es una buena época para hacer balance y darte cuenta de que tienes una templanza de la que carecía hace diez años.
-A pesar de no entrar en círculos que podían ayudarte en popularidad, siempre estás ahí, eres respetado, con éxito… ¿Qué te hace funcionar en tu caso?
-A mí me parece esencial el compromiso con lo que haces que, en mi caso, es mucho. Y claro que la suerte también interviene. La nuestra es una profesión con pocas oportunidades para los muchos que estamos. Supongo que una mezcla de ambas cuestiones es lo que me ha hecho llegar hasta aquí.
