Es, sin duda, el colaborador de Telecinco más retocado algo de lo que, lejos de ocultarlo, presume. Lo último ha sido una nueva sonrisa que acaba de estrenar, a sus 64 años, gracias a unas carillas de porcelana con las que ha proporcionado un nuevo “look” a su rostro, después de haber superado el Coronavirus. “Me noto muchísimo mejor. En la televisión ponen imágenes antiguas y la diferencia es brutal. El resultado es súper natural”, han sido las palabras de alguien más que acostumbrado a mejorar aquellas cosas de su físico que no le terminan de convencer.

Así, la primera vez de Kiko en pasar por el quirófano fue en mayo de 2011, cuando se sometió a una otoplastia para corregir la forma de las orejas y la caída de sus párpados. Más tarde tocó una blefaroplastia inferior, es decir, una intervención para eliminar las bolsas de los ojos para, en 2014, enderezar el tabique nasal -que, por la práctica del boxeo, lo tenía muy mal-, y, de camino, realizarse una rinoplastia.

En 2015 llegó el turno de un lifting facial -lo más evidente y rejuvenecedor-, seguido de un trasplante de cejas -para el que tuvo que dejarse crecer el pelo de la nuca- y de diversas inyecciones de botox, y otros rellenos, algunos de los cuales se los ha hecho la novia de su hijo, Carla Barber.

Es evidente que, si existe un “hombre de las mil caras”, ése es Kiko Matamoros que, si hay algo suyo que no le gusta, no tiene inconveniente en modificarlo. El miedo al cambio, no va con él…