“Les Luthiers” presentaron anoche en Fibes su remedio contra los males psiquiátricos que nos abordan en estos tiempos de crisis al tiempo que celebran sus 45 años sobre los escenarios de todo el mundo
José Antonio Muñoz (@josan_ms)
“Lutherapia” suena a medicina, y así lo fue. El quinteto argentino, que ayer estuvo acompañado por un sexto integrante, presentó en el Auditorio del Palacio de Congresos el que es su espectáculo número 33. Con una puesta en escena sobria y, como siempre, elegante, la trama comienza con una silla y un diván rojos donde el licenciado Murena atiende los problemas de su paciente Ramírez. Una sesión de psicoanálisis diferente durante la que van apareciendo piezas de humor en las que la música juega un papel predominante. En total, diez “sketches” donde se puede escuchar el sonido de instrumentos tan dispares como tambor, flauta, arpa, piano, guitarras, violines, armónicas o panderetas –amén de todos los que, desde bases como una lata gigante, ellos han inventado- todos tocados en directo por los propios humoristas…
Situaciones dispares sin más conexión que las de salir de la mente y los supuestos delirios del psicoanalizado Ramírez en la que, desde una divertida opereta que recuerda a las cruzadas, al vals que canta los recuerdos de dos ancianas amigas que se encuentran tras un largo tiempo y deciden contarse hilarantes vivencias de su vida en pareja o su pasión por los velatorios, todo tiene cabida.
Mientras el paciente se lamenta de que su chica lo abandonó “abruptamente” se producen recreaciones de sueños como una particular versión de “El flautista de Hamelín y las ratas” o la entonación de una oda al campo, con toques roqueros, donde además de tocar instrumentos, los artistas realizan sonidos animales que llevan a Ramírez a darse cuenta de que no está feliz en ningún entorno pues en todos ve símbolos amenazantes.
Pero sin duda, el mejor utensilio para producir música llega al final en forma de la “Exorcitara” con la que unos “Monjes Abad” intentan frenar el parto de una mujer que dará a luz al anticristo. Un exorcismo luminoso y musical que, además de ser una de las mejores piezas del show, se convierte en una ácida crítica a los gobernantes y a la conflictiva situación mundial.
Dos horas de diversión a partir de un humor inteligente con brillantes juegos de palabras y un ritmo frenético que consiguen que, la consulta del psicoanalista Murena, se pase volando. Todos los integrantes se lucen y tienen su momento en este espectáculo que, gracias a la iluminación y el cuidado tratamiento de la teatralidad de los componentes, no necesita nada más que lo relatado. Lejano a lo vulgar, lo obsceno, los chascarrilos fáciles o los disfraces chabacanos que abundan en los cómicos de hoy día, Les Luthiers traen a Sevilla un humor de chaqué y pajarita.


