Hoy hace justo una semana que volví de Gran Canaria, la isla donde se ha celebrado el certamen de Moda Cálida del que les he venido hablando en varios textos de este periódico. Un viaje de cuatro días inolvidables durante los que he conocido a apasionantes nuevos personajes para mi vida como Danielle, la guapa brasileña que aún sueña con un proyecto que la vincule empresarialmente a España, o Clemente, un joven canario que, con esfuerzo y decisión, ha llegado a cumplir uno de sus sueños más anhelados: trabajar en la moda. A sus 24 años, el chaval -que comparte nombre con el hijo de Alessandro Lecquio- dejó sus estudios de abogacía para, con el apoyo de su familia, marchar a Londres a prepararse cara a una profesión que, a través de la revista “Elle”, le ha abierto sus puertas.
Un testimonio más en sintonía con esa corriente filosófica de los últimos tiempos que invita a soñar despierto y a luchar por retos como los que logró Vicky Martín Berrocal (quien ha conseguido convertirse en diseñadora de prestigio), o Ruth Lorenzo (la cual ha triunfado en la música venciendo a miedos como los provocados con la imagen la anorexia o la bulimia), o David Meca (nadador que superó a lo mucho que tenía en contra), o tantos y tantos otros que hoy son referentes gracias, fundamentalmente, a su fuerza de voluntad.
Por eso me da tanta alegría haber encontrado con Clemente en mi camino. Porque he sido testigo en primera persona del germen de alguien que, sin perder la sonrisa ni despeinarse, hizo que el viento soplara en su favor. Un aliciente para no perder la esperanza.