Dos personas, consciente o inconscientemente, reflejan cuando se gustan y cuando se quieren pues hay determinados sentimientos, los muy grandes me refiero, que no pueden ocultarse así como así. De hecho Jacinto Benavente decía que “el amor es como el fuego. Ven antes el humo los que están fuera que las llamas los que están dentro”. Otra cosa es que sepamos conducir y manejar ese sentir puesto que, en el fondo, los seres humanos somos muy complejos y nuestra mente, más todavía (de hecho existen multitud de estrategias del cerebro para negar cualquier realidad o inventar cualquier fantasía).
Lo que sí está claro es que, tarde o temprano, el corazón termina hablando, tal y como le está pasando a Madonna desde hace un tiempo en relación al que fuera su marido, Sean Penn. Ellos, que fueron pareja hace tres décadas, salieron como el rosario de la Aurora porque, entre otras cosas, a él le gustaba estar en su mansión encerrado mientras que la diva prefería el brillo de los “flashes” y la fama; Penn criticaba la escasez de tela en la ropa de la artista y ésta cortaba y cortaba sus estilismos hasta lo imposible…
Sin embargo, las vueltas que da la vida, ahora a Sean –que ha vuelto a un concierto de la diva-, se le dibuja una sonrisa de oreja a oreja mientras contempla a una Madonna que no tiene problema en reconocer que sigue adorando a su ex. La humareda es evidente… ¿cuánto tardará la “madera” en prender?