Leo en una noticia que Isabel Pantoja está dispuesta a todo para conseguir saldar su deuda con Hacienda lo antes posible y que incluso se podría plantear un “Especial de Navidad” en alguna cadena de televisión para que, cantando con sus amigos –al estilo de Raphael o lo que hizo en su despedida Rocío Jurado-, todos celebremos las fiestas en su compañía (y eso suponga, claro está, un importante ingreso económico que le permita respirar un poquito después de tantos ahogos). Es más, hasta se habla de un documental que desvele los detalles más secretos de su gira y del que también se obtengan beneficios para el maltrecho bolsillo de la artista.
Y es que, para una mujer de sesenta años ya (detalle que parece que se nos olvida con frecuencia cuando hablamos de la sevillana), mirarse en la situación en la que ésta se encuentra, recién salida de la cárcel y sin apenas un euro -después de estar toda la vida trabajando-, debe ser bastante duro. Además, por si fuera poco, Isabel no es solo Isabel. Es Isabel y un montón de gente detrás que vive y come y hasta derrocha en ocasiones a costa del personaje (véase, “el tito Agustín”, Kiko Rivera, Isa, Anabel, etcétera, etcétera), lo que debe ser una presión añadida cuando lo que, en esa edad, la mayoría lo que busca es disfrutar de sus hijos en la paz de su hogar.
No creo que “la” Pantoja esté feliz con este reencuentro con los escenarios pero tampoco le queda otra. O tira del carro, o el carro se hunde con todo el equipo dentro.