La influencer Aida Domènech, más conocida por su nombre artístico, Dulceida, vuelve a estar en el centro del huracán y se ha visto obligada a emitir un comunicado a través de sus redes sociales para zanjar de una vez la polémica. ¿Las razones? El enfado de miles de usuarios por unas publicaciones que ha realizado durante su viaje a Sudáfrica. Más concretamente, se acusa a la catalana de beneficiarse económicamente al promocionar en sus redes unas gafas de sol que regaló a unos niños en su visita al poblado Masái. “Es totalmente falso que comerciáramos con las gafas de sol que les dimos a los niños. Es más, no tengo ninguna colección de gafas de sol en este momento, ni colaboro con ninguna marca de gafas de sol, por tanto, es una absoluta incoherencia que yo buscara lucrarme con esa publicación. Simplemente nos pidieron las gafas y se las regalamos, todo lo demás es falso”, ha comentado algo dolida. Unido a esto, también se le acusa de poco consciente al subir una instantánea en la que aparecía su mujer, Alba Paul –que la ha acompañado en todo momento durante su estancia en el continente africano-, en una bañera rebosante de agua cuando una terrible sequía afecta al país entero con fuertes restricciones en su consumo, explicando ella: “Desconocía que hubiera en ese momento esa restricción y sé que el desconocimiento no exime la culpa, pero así fue y lo lamento.” Tras el aluvión de feroces críticas en Twitter estos días –que incluso convirtieron a Dulceida en primer TT nacional-, la youtuber no lo ha dudado y ha decidido parar el tema con el citado comunicado, con el que concluye: “Por todo esto se me ha insultado, se me ha vejado, se me ha maltratado con total vehemencia en las redes sociales. Se ha llegado a desear mi muerte; sí, mi muerte, solo por publicar en Instagram una foto donde no hago daño a nadie. Las críticas se pueden entender, pero hay límites que no se deben superar”.

