Los reyes de España celebran hoy que han pasado ya 15 largos años desde su “Sí, quiero” en la Catedral de la Almudena. Lo hacen en un momento en el que, como podemos ver y comprobar, se dan más cariños y están más atentos el uno con el otro que nunca. Sin embargo, para llegar hasta aquí, han tenido que tomar muchas decisiones.
Por Pepe Zarza
Aún no han inventado el remedio para que el amor dure para siempre y a veces, por más que nos esforcemos, los sentimientos se estancan y se deterioran. En esto Felipe y Letizia son como cualquier otro ciudadano de a pie: humanos. Hace un año el matrimonio de los reyes estaba tambaleándose, o al menos para la prensa y los allegados de la monarquía que, al final, son quienes arrojan luz sobre este tipo de asuntos. Sin embargo, parece que ambos han encontrado la forma de seguir conviviendo y alimentando su pasión sin problemas: normas de convivencia.

Tal y como cuenta “El Español”, el punto de inflexión se produjo en la bautizada como “crisis de las reinas”. Sí, han leído bien, ¡el rifirrafe de doña Sofía y su nuera afectó directamente a la relación matrimonial de los reyes y saltaron las alarmas en la monarquía con el deterioro de la imagen de Letizia! Una reunión con el gabinete real terminó con la propuesta de una solución: un gesto público de aprecio que la reina tendría que hacer a su suegra. Todos sabemos que la que fuera Princesa de Asturias nunca se ha caracterizado por fingir sentimientos y esta idea no le hizo ninguna gracia. Aun así, a los pocos días pudimos ver cómo le abrió la puerta del coche a la querida Sofía. Esto, para ella, habría sido una forma de “perder” la batalla y lo hizo, más que por otra cosa, por respeto a su marido.
Desde entonces la relación entre nuestros monarcas ha ido viento en popa pues, además, unas leyes no escritas les ayudan. La primera, sería dedicar tiempo a la pareja al menos una vez a la semana. Salir por Madrid, pasear, hacer vida “mortal” de enamorados. La segunda, no mantener especial relación con la infanta Cristina a petición de Leticia, ya que no habrían tenido nunca muy buen “feeling” y, después de todo el caso Noos, no estaría tampoco el horno para bollos. La tercera, no perder el contacto con los amigos de toda la vida de la reina y, la cuarta, mantener a las niñas apartadas de la vorágine mediática hasta que tengan edad suficiente como para afrontarla. Está claro que, cuando uno quiere, puede, y otra cosa no, pero, a las pruebas nos remitimos, los reyes de España quieren seguir juntos, felices… y comer perdices.
