Llevo varios días con Angelina Jolie rondándome por la cabeza. Y no porque digan que su marido tiene aventuras con chicos o porque se acabe de embarcar con sus seis hijos en clase turista en un vuelo de Los Ángeles a Francia (algo que me parece que dice mucho de la familia que ha formado con Brad Pitt). Ni tampoco me he estado acordando de ella por haber cumplido recientemente cuarenta espléndidos años que luce con elegancia y belleza. En realidad, la verdad es que no ha sido Angelina quien tenía en el pensamiento sino más bien el personaje que, tal vez, más popularidad le ha dado en su trayectoria: Maléfica. Un hada que, en la versión que protagoniza Jolie, pasa al “lado oscuro” víctima del engaño y el abuso de un amor que se aprovechó de su bondad y que la transformó en alguien a quien supe entender en cuanto la vi.
No sé por qué razón pero desde siempre muchas personas que se me han acercado se han sentido intimidadas por mí. Supongo que mi lenguaje corporal, y verbal también, debe darles ciertas señales que interpretan como altivez o distanciamiento y que les hacen sentir inseguridad o temor ante no sé qué posible respuesta por mi parte. Igual me ha sucedido que luego, al conocerme, muchos me han confesado cómo estaban de equivocados, haciéndose amigos o incluso parejas mías.
Hasta detrás de un villano –algo con lo que sí que no me identifico-, también existen razones que le llevan a serlo. Sin embargo, eso no impide que sepan dar besos de amor verdadero. Es cuestión de que llegue quien no tenga miedo de tus miedos.