El pequeño de Michael Bublé y Luisiana Lopilato, de tres años, lucha contra el cáncer contando con el apoyo incondicional tanto de su padre como de su madre, quien ha querido hablar en rueda de prensa sobre su hijo
Tiene tres años y ha pasado cuatro meses ingresado en un hospital de Los Ángeles recibiendo tratamiento de quimioterapia para tratar un cáncer de hígado que sufre y que, como es normal, constituye la mayor preocupación tanto para su padre, el popular cantante Michael Bublé, como para su madre, la actriz Luisiana Lopilato. Ésta, en la rueda de prensa de presentación de su película, “Los que aman, odian”, ha querido tranquilizar a los medios presentes con unas palabras cariñosas y aclaratorias. “Gracias a Dios, mi hijo está bien”, comentaba la intérprete. “Gracias a todos por estar aquí. Por supuesto que no quiero dejar de agradecerles a todos el respeto. A la gente, por el apoyo, las cadenas de oraciones que hicieron, por el amor. Todo llegó. Nos ayudó muchísimo para seguir adelante. (…) Por supuesto que es un proceso largo, como todos saben. Noah tiene que seguir con controles. Pero estamos muy felices. Tenemos muchas ganas de pensar en el futuro, de ver a nuestros hijos crecer. Es difícil hablar, sepan entender que es todo muy reciente. Todavía sigo un poco sensible con el tema”, explicaba Lopilato antes de que ningún periodista preguntara nada.
Unos meses que se avecinan difíciles por una lucha que la pareja no piensa abandonar en ningún momento. “Cuando te pasan cosas como las que nos pasaron, uno cambia la perspectiva de su vida. Hoy valoro mucho la vida y el hoy, el momento”, continuó esta madre de cuyo corazón solo salen palabras de agradecimiento, tal y como también demostró en sus redes sociales con un mensaje a sus millones de seguidores que daba más ánimo que pena. “Hoy quiero dedicarle un gracias a de corazón a cada una de las personas que me dio fuerza cuando más la necesitaba. El amor de la gente es uno de los regalos más maravillosos que me ha dado mi profesión. Es por eso que hoy más que nunca quiero decir GRACIAS. Gracias por acompañarme”. Situaciones del destino que nos ponen a prueba y de las que, en general, se suele salir reforzado.
