Llega la Semana Santa. Comienza la cuenta atrás final para este 2016 y, por las calles, volveremos a reencontrarnos con la escenificación de la vida de Jesucristo a través de los pasos de nuestras hermandades. Sin embargo, respecto a este apasionante personaje yo siempre me pregunto… “¿De veras hemos aprendido la lección que quiso dejarnos?”. Por propia experiencia al menos puedo afirmar, sin lugar a dudas, que “NO”.
A Jesús lo torturaron, le negaron, gentes que no le conocían le escupieron y le insultaron y, otras que sí que tuvieron relación con él, miraron hacia otro lado para no señalarse. Y él, que sabía que todo eso iba a ser así antes incluso de que ocurriera, se mantuvo firme, se dejó crucificar… y perdonó. “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen…”.
Escribo esto con lágrimas en los ojos porque, a día de hoy, seguimos sin saber perdonar. No aceptamos a quien, como él, dice lo que no gusta escuchar. No toleramos a quien lleva la honestidad como bandera porque es más fácil pensar mal que pensar bien y porque, al final, tenemos miedo de no poder estar a la altura y hacer lo mismo: aceptar con humildad la verdad sin disfraces.
Decía John Lennon que “ser honesto no te dará muchos amigos pero sí los adecuados”. Un sabio pensamiento que bien podría haber pronunciado Jesús. El sino de los que apuestan por un corazón imperfecto –por eso Dios quiso hacerse hombre-, pero puro.