Después de los enfrentamientos familiares protagonizados por la tenista –y los problemas con Hacienda-, el Banco de Luxemburgo la demanda por un presunto delito de alzamiento de bienes
La “alerta” la daba ayer la revista digital “Vanitatis” publicando la noticia de la querella del Banco de Luxemburgo contra Arantxa Sánchez Vicario por un presunto delito de alzamiento de bienes. Una demanda que ha sido admitida a trámite en el Juzgado de Instrucción número 4 de Barcelona y que también implica a su marido, Josep Santacana, teniendo que declarar ambos por videoconferencia al encontrarse viviendo en Miami.
Sea como sea, la tenista, de 45 años, vuelve a estar en el “ojo del huracán”, donde es habitual verla desde que compareció ante los medios de comunicación para confesar que su familia la había arruinado, que no sabía lo que había ganado hasta que contrajo matrimonio en 2008 y que hasta necesitó ayuda psicológica y psiquiátrica por el trato recibido. Es más, según sus palabras, durante su primera época en la competición solo cobraba 1.500 euros al mes aunque eso no fue impedimento para que Hacienda le reclamase 5,2 millones de euros por el impago de impuestos entre 1989 y 1993. Ella explicó que por ese entonces residía en Andorra pero el juzgado no la creyó, situación que se daba en mitad de una denuncia que Arantxa hacía llegar a los suyos.
Pero su padre tenía Alxhéimer, situación por la que no pudo admitirse a trámite la acusación de nuestra protagonista y que llevo a ésta a acordar, extrajudicialmente, que sus progenitores continuaran en la casa (suya) en la que estaban hasta que uno de ellos falleciera. Lo que pasó ya lo sabemos. El patriarca murió, sus últimos días y el entierro se convirtieron en un circo y Sánchez Vicario, para respirar, solicitó un crédito al Banco Sabadell avalado por el mencionado Banco de Luxemburgo el cual, viendo que la catalana ha vendido propiedades inmobiliarias sin saldar esa deuda, la llama ahora al orden desde la legalidad.
Parece ser que lo tiene difícil pero que, aun así, intentará luchar hasta el final. Alejada de todo y de todos –menos de su esposo y sus dos hijos-, lo suyo es un continuo volver a empezar que parece no terminar nunca.
