El más reconocido y polémico experto en casas reales hace un repaso en “Reinas y princesas sufridoras” de los episodios más delicados de las mujeres cercanas a los tronos europeos.
Fue redactor jefe de la revista “Hola” durante veintidós años, columnista habitual de “El Mundo”, colaborador en la Cope, Antena 3, Intereconomía y, ahora, Telecinco, donde aporta su opinión en cuestiones cercanas a la realeza sobre la que ha escrito libros como “Dios salve a la Reina” o “Los tacones de Letizia”, de la que también habla en esta entrevista en la que, sobre todo, analizamos la triste trayectoria de la reina Sofía junto a su amado Juan Carlos.
-¿Se podría hacer un “ranking del sufrimiento” entre las protagonistas de su libro?
-Y ganaría Sofía. Es la más desgraciada de todas y la de más larga trayectoria. En cincuenta años no ha tenido un solo momento feliz. El suyo no fue un matrimonio por amor, ni tan siquiera lo fue de Estado ya que don Juan Carlos cuando se casó no era nadie. Han sido dos personas a la deriva que se juntaron tras estar una con el príncipe Harald de Noruega y el otro con María Gabriela de Saboya. La reina Federica fue quien lo organizó todo.
-¿A qué se debe su silencio?
-Es una gran profesional (es el único piropo que se le ha escuchado al rey sobre ella). Nunca ha exteriorizado nada ni se ha sabido de su desdicha junto a un hombre genéticamente Borbón, con lo que eso conlleva. La abdicación ha sido una liberación para los dos: ella ya no está obligada a seguir aguantando y él no tiene con compartir actos con una mujer a la que no ama.
-¿Por qué ha tardado tanto el pueblo en enterarse de todo esto?
-No había transparencia de nada. Nunca se ha sabido de los amores del rey. Con la mallorquina Marta Gayá se hablaba de la “amiga entrañable” del monarca, luego estuvo Bárbara Rey pero tuvo un recorrido más corto, y Corinna… Eso ha llegado demasiado tarde y fue lo ocurrido en Bostwana lo que lo puso de manifiesto. Si no se llega a caer y partirse la cadera no se entera nadie de que don Juan Carlos se encontraba con ella. Y aún ahí Sofía mantuvo el tipo y fue con la familia al hospital a verlo.
-Veo eso más de mujer sumisa que de “profesional”…
-Ella siempre ha estado donde creía que debía estar, incluso aunque él no quisiera que estuviera. “Mi vida es la vida del rey”, decía, o “No soy la reina, soy la consorte del rey”. Y en eso Letizia debería tomar nota aunque ella es nieta de un taxista, por eso no se puede esperar lo mismo.
-¿Ni siquiera con eso le defraudó el rey a usted?
-Es la vez que le vi más vulnerable. Pidió perdón público y no lo tenía que haber hecho porque cazar no es ningún delito. Ya lo de “no lo volveré a hacer” es una auténtica humillación, parecía un niño. El único perdón que tenía que haber pedido era a doña Sofía.
-Y ella… ¿Por qué ha aguantado tanto?
-Decidieron mirar para otro lado y arrastrar el amor de la una y el desamor del otro en beneficio de la institución. Ellos vivían separados desde hacía cuarenta años, compartiendo techo pero no lecho, pero su divorcio no se habría entendido. Divorciada está Elena y divorciada era Letizia… Pero esto era otra cosa. Era hacer ver, a toda costa, que la familia seguía unida.
-¿Qué opinaban los hijos de la situación?
-Felipe siempre apoyó a su madre cuando se agudizaban las crisis, por eso ella lo apoyó en su matrimonio aunque Letizia no le gustara. Ninguno de los dos monarcas eméritos la quería. Él ostentosa y públicamente y ella de manera disimulada.
-Entonces Corinna no ha roto ninguna pareja, como se ha podido leer…
-Cuando surgió esa relación el matrimonio real estaba acabado y ella era, posiblemente, el último tren del rey a nivel sentimental. La reina Sofía, en cambio, no ha tenido nunca nada más desde que conoció a Juanito. Ha sido el único amor de su vida.
-Estamos hablando en unos términos que parecen de siglos pasados… ¿No cree que Letizia ayudará a que, al menos, se evolucione en ese sentido?
-Las monarquías han sido muy machistas hasta que han llegado las “chicas” que no tienen nada que ver con las familias reales. Han conseguido que cambie bastante. Han aportado modernidad pero mucha vulgaridad. Noruega tiene a Mette-Marit que es de lo más bajo.
-¿Sigue sin gustarle Letizia?
-Entiendo que a los aristócratas no les caiga bien por sus orígenes más que modestos pero que a la gente sencilla tampoco le guste, es de sospechar. Hay algo en Letizia que el pueblo rechaza. Es prepotente, agresiva en sus gestos, actúa como titular en vez de consorte.
-Dígame algo bueno de ella…
-Ha cambiado a Felipe que era maleducado y desagradable, criado dentro de una oligarquía femenina. Ahora es amable, cercano, simpático… y lo más importante, le ha enseñado a leer, a culturizarse.
-¿Piensa que ella disfruta en su condición de personaje popular?
-Se siente mejor en el papel de famosa que en el de reina. Dice cínicamente que le gustaría que solo le juzgaran por su reinado pero se cambia de “look” pensando en la impresión que dará a la prensa y lleva a cabo todo tipo de frivolidades como la cirugía. No es natural, siempre esta forzada queriendo demostrar que es la mejor.
-¿La imagina en un futuro como una “sufridora” más de su libro?
-No toleraría una infidelidad porque le falta la profesionalidad de doña Sofía. Quiere ser reina de 9 a 2 y Sofía lo es las 24 horas. Son opuestas por eso no pueden ser amigas. Sofía, por ejemplo, es antiabortista cien por cien.