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MÚSICA,

José Luis Perales “Lo de pasar a la posteridad me importa poquísimo”

20 agosto, 2016

El cantautor, muy vinculado a Sevilla durante su juventud, continúa con éxito la gira de su último disco, “Calma”, y reflexiona sobre una vida que, superada la barrera de los setenta, considera plena y feliz

por Ricardo Castillejo

Tiene 71 años pero el suyo es un espíritu joven. Alejado de cualquier pose de divo, José Luis Perales habla con pasión de cualquier tema pues, además de componer e interpretar, es un excelente conversador. Con “Calma”, su trabajo discográfico más reciente ha vuelto a ponerse en los primeros puestos de las listas de ventas porque, pase el tiempo que pase, su música sigue estando de moda. Y es que pocos como él para cantarle a sentimientos universales como el amor que, en mayúsculas, ha conocido gracias a su mujer, Manuela, y a sus dos hijos, Pablo y María.

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Foto: José Manuel González

-A Sevilla le unen muchos recuerdos y lo mismo hasta algún romance de juventud, ¿no?
-Bueno, yo estuve aquí desde los 13 años y hasta los 20, etapa importante para cualquier ser humano. Es más, hay una melodía mía que habla de “los remeros de la Plaza de España y que fui novio de una modistilla” inspirada en una chica que conocí ahí y que no era ni modista ni nada pero que me motivó esa letra… En Sevilla escribí mi primer tema, con 16 años, “Niebla”. Nunca lo he interpretado, ni lo interpretaré porque era malísimo pero fue un descubrimiento para mí hacerlo, grabarlo en un casete, escucharlo… Entonces supe que me dedicaría a hacer canciones y cuando empezó mi historia como compositor.
-Mucho de lo que gira en torno a usted son cifras… Millones de ventas, álbumes de oro, de platino…
-Eso no sirve para nada. Para engordar el ego, en todo caso, a quien se lo engorde. Yo tengo los discos de oro y platino en mi casa del pueblo y no tiene más trascendencia que ésa. Para mí lo esencial no es lo que has sido sino lo que te queda por hacer. Hay artistas que se quedan en su suite del hotel y no salen como grandes “estrellas”, algo que a mí me parece una antigüedad del Hollywood de los años veinte. Yo no podría ir a una ciudad importante y perderme un museo de arte o de arqueología o algo interesante. Eso te enriquece mucho y te aparta de banalidades.
-El amor es el tema universal al que se dirigen la mayoría de las canciones… ¿Ha cambiado para las nuevas generaciones?
-Sé lo que es el amor, no solo en la pareja sino más allá. El amor a todo lo que te rodea es la clave para ser feliz. Y con respecto al otro, he tenido mucha suerte en mi matrimonio. Llevamos más de cuatro décadas y no todo es maravilloso. Vienen los hijos, los problemas… Hemos sobrevivido a eso pero, cuando empecé a salir con ella, estaba seguro que sería feliz con esa mujer. El amor no puede definirse. Es algo que hay que cuidar mucho. A mi mujer nadie la conoce y eso es una ventaja. Lo que falla y triunfa es lo mismo que fallaba y triunfaba hace mil años. Hay quien se une por conveniencia, quien se atrae a primera vista… Es una cuestión de sentimientos y de magia. Los temas de amor no pasan de moda pero sí se subestiman y hasta, el amor, se ha ridiculizado y banalizado un poco. Me parece tristísimo que no exista amor con la persona con la que estás y, no enamorarte de nadie nunca, la mayor tragedia que te pueda pasar.
-¿Los setenta le han dado más serenidad?
-Mucha. Pero son 71 y no tengo interés en parecer más joven. Creo que he hecho lo que tenía que hacer con una gran vocación. He renunciado a las pompas de esta profesión que no me han interesado -que han sido muchas- y no me importaría morirme ya. He sido feliz y he hecho feliz a muchas personas, tengo unos hijos estupendos, unos nietos que son una maravilla… ¡Qué más puedo pedir!
Perales3_-¿Y Perales ha sido feliz?
-Sí. Con mis grandes soledades, pero sí. En la medida en la que se puede ser feliz sin que nada te perturbe. Lo más negativo ha sido salir de casa por tanto tiempo. Es más, ha habido temporadas que estaba seis meses en Hispanoamérica y seis aquí, de los que, tres, iba de feria en feria, de pueblo en pueblo. Los otros tres los dividía en partes iguales para estar escribiendo en el silencio del campo y con mis niños. Ha merecido la pena pero ha habido mucha soledad porque mi esposa se quedaba con los niños pequeños y yo iba sin nadie. Es cierto que en esas circunstancias siempre hay alguien que se te acerca y yo nunca he huido de eso porque era algo pacífico. Así tenía libertad para pasear con tranquilidad en cualquier sitio…
-¿Qué le gustaría que se dijera de usted cuando no esté?
-No quiero homenajes. Pienso lo mismo que Bécquer en un poema… “Donde exista la piedra solitaria sin inscripción alguna, donde exista el olvido, ahí estará mi tumba”. Lo que tenía que hacer, lo estoy haciendo ahora. No sabré qué inventarán conmigo y prefiero que no hagan el tonto, que no ponderen algo -hacer canciones-, que para mí ha sido la felicidad. Aunque agradezco los detalles y los premios, lo de pasar a la posteridad me importa poquísimo. Casi nada.

Ricardo Castillejo

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