El que fuera vocalista del grupo “Calle Salvador”, Julián Delgado, presenta el single “Un mundo de pequeñas cosas” como punto de partida de su carrera en solitario.
Con su disco “Amanece”, que verá la luz en septiembre, el gaditano da un giro a una trayectoria que, hasta ahora, permanecía ligada a “Calle Salvador”, con quienes desde su presentación sonó en las principales cadenas radiofónicas y tuvo gran acogida por el público. A pesar del éxito del que disfrutaba, el cantautor se atreve a sus 35 años a empezar de nuevo y luchar en solitario por volver a estar en la primera línea del mercado musical.
-¿No es difícil la decisión de andar solo cuando ya triunfaban con un único disco en el mercado?
-Estoy contento y convencido de lo que hice. Surgió a raíz de discrepancias con un compañero, quise apostar por mí y la discográfica me apoyó. Poco ha cambiado porque ya la mayoría del trabajo recaía sobre mí, en el grupo era yo quien tiraba del carro y ahora lo sigo haciendo. Las composiciones siguen siendo mías, el sonido es igual y la producción la misma.
-Llegó al gran público con 33 años… ¿Dónde estaba escondido un creador como usted?
-Siempre he estado inmerso en ese mundo. Mi padre llegó a participar en “realitys” cazatalentos en los 80 y en una orquesta, yo estaba muy vinculado al mundo del Carnaval en Cádiz… y la gente me decía que eso era lo mío. Comprobé que podía componer y que sonaba bien lo que hacía. Fue cuando me di cuenta de que estaba loco por ser artista. Desde entonces muchos altibajos, preparación…
-¿Qué es lo que le mueve?
-La pasión. Si no es así, con tantos desengaños todos terminaríamos abandonando. Es complicado hasta encontrar a alguien que te diga la verdad sobre lo que haces, si está bien, si está mal…
-¿Se parece esta profesión a lo que soñaba?
-La industria musical es una jungla en la que no te puedes fiar de nadie, solo guiarte de tu instinto y todavía así te llevas muchos palos. Se crean canciones de usar y tirar, que otorgan un éxito rápido que se explota en radios hasta la saciedad y después desaparecen. Para ellos somos productos, ni más ni menos, por eso se está perdiendo el romanticismo que lo envolvía y a los que hacemos letras trabajadas nos cuesta más llegar, pero cuando el mensaje cala cuesta mucho más que se olviden.
-¿De qué hablan los suyos?
-De la vida y de la forma más positiva. Cuando me como mucho el “coco” escucho mis propios temas para volver al “buen rollo”. Son historias cotidianas.
