Kiko Rivera se ha mudado al centro de Castilleja de la Cuesta junto a su mujer, Irene Rosales, y sus dos hijas, Carlota y Ana, con las que compartirá una casa que, rincón a rincón, nos va enseñando en sus redes al tiempo que nos cuenta los avances físicos que está logrando desde que se ha puesto a dieta y está entrenando duro.

Para empezar, la vivienda familiar tiene garaje y está a pie de calle en dicha localidad sevillana cercana al colegio de sus pequeñas y en la que, entre otras estancias, hemos visto un estudio, donde tiene el ordenador y sus discos de oro y platino, y un patio de columnas en el que el DJ suele hacer ejercicio. “Mi rinconcito, donde me dejo llevar y a veces me salen alas para volar”, escribía el hijo de Isabel Pantoja en estos días en relación a un espacio de trabajo desde el que hace directos para sus redes y en el que también tiene un sofá y varias estanterías.


Más allá, el artista ha mostrado su preocupación en estos días por la salud de su abuela, Ana, a la que le gustaría ir a abrazar antes de que pueda producirse un no deseado fatal desenlace. Sin embargo, la distancia con su madre y su tío le ha frenado para dar ese paso que, posiblemente, tendrá que llegar tarde o temprano.

Mientras disfruta de un hogar que no está, como él pretendía, en el campo pero que sí le ofrece múltiples posibilidades que le han hecho decantarse por él.
