Hay veces en las que mantenemos relaciones con extraños, es decir, que tenemos un romance con alguna persona a la que vemos de una manera concreta hasta que, poco a poco -o de pronto-, un día se nos cae la venda de los ojos y descubrimos que estábamos viviendo con alguien que no sabemos quién es. Es lo que pasa, por ejemplo, en la película “Lo que la verdad esconde”, donde Michelle Pfeiffer está casada con un Harrison Ford muy alejado del marido ideal que ella creía tener (siendo de veras un asesino que había matado a su amante porque ésta podía destrozar su matrimonio). O supongo que es algo similar a lo que han sufrido mujeres como Carmen Maura, cuyo patrimonio desapareció en manos de un sinvergüenza que manejaba sus bienes y que, a sus espaldas, le robó todo lo que pudo y más.
Sin embargo, el fenómeno también puede ser al revés, esto es, que a quien tenías al lado considerabas de una manera no muy positiva y, de pronto, se convierte en alguien de quien, por lo que sea, caes enamorado perdidamente por tener eso que era tan evidente tal vez para todo tu entorno menos para ti.
Lo segundo está claro que es agradable pero, en el primer caso, la decepción es tal que, cualquier tipo de solución, se vuelve imposible. Es lo que sucede cuando uno quiere interpretar en la vida un papel que le queda grande.