Estamos tan aburridos, tan cansados de todo, del siempre lo mismo, que nos hemos instalado en una época en la que, mientras más extravagante sea uno, más éxito tiene. Da igual que luego aportes o no mucho con tu forma de pensamiento –en realidad, da igual si piensas o no-, porque lo que cuenta es que, cuando se te vea, llames la atención.
Por eso triunfa “Sema”, el amigo de “Chabelita” que ya no sabe qué ponerse ni qué hacer para que la gente hable de él. Por eso Conchita Würst se ha hecho un hueco en la música donde, solo con su voz (y eso que canta bien), hubiera sido complicado que destacara. Por eso caló Lady Gaga a la que, a original, nadie gana. O por eso, para la próxima edición de Eurovisión, Israel mandará a participar a un tal Hovi Star, salido de un programa de televisión y que, por lo visto, en su país está dando mucho que hablar (y no me extraña porque se pone la línea de los ojos más gruesa y más negra que la de Conchita Márquez Piquer).
Muchos chicos se están tiñendo el pelo de blanco o rubio platino. Otros han optado por los tatuajes o por el piercing en la nariz (muy de moda) y otros se ponen las camisetas tan largas que bien podrían pasar por camisones. ¿Qué más da? Lo que vale es ser “diferente”. La trampa, en este caso, es que lo normal se está convirtiendo en distinto con lo que, los que queremos pasar desapercibidos vamos a ser, dentro de poco, señalados como raros. El mundo al revés.