La relación entre ambas era nula y hacía tiempo que nada se sabía del contacto entre Nicole Kidman y su niña adoptada, Bella, de 23 años. Sin embargo, las diferencias que las separaron parecen haber llegado a su fin, convirtiéndose Londres en el escenario donde se han reencontrado para que la joven pueda presentarle a su progenitora a su marido, Max Parker. La australiana, que no asistió a la boda de su hija –Tom Cruise tampoco-, llevaba insistiendo en que se produjera este cara a cara bastantes meses hasta que, poco a poco, lo ha conseguido. “Nicole no tardó en ponerse a llorar y Bella la siguió”, ha declarado a la revista “Woman´s Day” una fuente cercana que ha querido describir así tan emocionante acontecimiento.
