Desde hace unos años se ha puesto de moda una nueva profesión: ser famoso. Muchos chavales y chavalas ya no quieren ser un buen actor o una buena cantante o convertirse en buenos periodistas sino que lo que desean es ser conocidos, sin más oficio ni beneficio que el de ser ellos mismos (esto es, personajes a los que la gente admire o deteste (no sé qué hay más) sin aportar apenas nada en ningún sentido).
Más o menos eso que representa en la actualidad Leticia Sabater la cual esta semana ha estrenado el videoclip de su nueva canción, “Toma pepinazo”, que supera ya el millón de visitas en Youtube. A sus cincuenta años, la que fuera amiga de los niños –e ídolo de una generación por sus trabajos televisivos-, ha ido dando tumbos a lo largo de su carrera hasta llegar al lamentable punto de presentarse sin pudor ninguno y ofreciendo una imagen que, si no lo han hecho aún, les invito a verla para que puedan opinar.
¿Sentido del humor? Mucho. ¿Ganas de reinventarse? Todas. ¿Buena energía? Más aún. Sin embargo, Leticia no ha tenido en cuenta algo muy importante: que no todo vale por estar ahí. Y aunque a mí me resulte simpático lo que hace, en el fondo su trabajo me deja un sabor agridulce. Ojalá buscase otra fórmula menos extrema que le permitiera desarrollar sus talentos artísticos, que los tendrá, y bajo la que obtuviera un éxito sin tanta dañina controversia.
https://youtu.be/bpDG8VsUhtw?list=RDbpDG8VsUhtw