Un alumbrado sin Pascual González, el líder de Cantores de Híspalis, no es lo mismo, tal y como ayer se vivió a las doce de la noche en la portada de la Feria de Abril
La vida da muchas vueltas y nunca se sabe dónde vas a terminar. Por eso hay que disfrutar cada segundo puesto que, como bien sabemos, estos son irrepetibles. Una enseñanza que se valora más aún cuando la salud, como le está pasando a Pascual González, flaquea un poco. El alma de Cantores de Híspalis ha cambiado este año su amada Feria de Abril por la Clínica de la Universidad de Navarra donde será operado esta semana por tercera vez de garganta. Así, el artista padece una afección llamada laringotraquitis de la que ha sido intervenido en dos ocasiones (en enero, la primera y el Lunes Santo, la segunda) y para la que, esperemos, éste sea el paso definitivo por el quirófano.

Tras una importante gira de su espectáculo, “Sevilla reza cantando”, al sevillano –al que se le ha recomendado silencio absoluto-, le hubiera gustado estar en la presentación de su más reciente trabajo, “¡Que vivan las sevillanas!”, hace unos días en la Fundación Cajasol. Una grabación en la que se ha realizado un gran trabajo de investigación acerca de los orígenes de un género dentro del que, él y su formación, realizaron una auténtica revolución.
Fue entonces cuando nuestro compañero Josan Muñoz preguntó a Juani Calceteiro –el otro integrante veterano de la mítica agrupación-, por el mencionado Pascual y, sobre todo, por esa llamada popular, aún incumplida, de que sea pregonero de la Semana Santa algo ante lo que, el intérprete, fue muy claro. “Sevilla le ha pasado su factura a Pascual porque no ha sabido separar la persona, de talante bohemio, del artista, pero ahí queda su legado con letras que son himnos. Quizás la parte que más le afecta a él es a nivel cofrade, pero yo siempre le digo que ya ha dado su pregón al pueblo de teatro en teatro, que no le hace falta el del Maestranza”.
En pleno tratamiento para recuperar su carismática garganta, Pascual echó de menos ayer el albero y, en especial, a esa gente que lo ha convertido, por méritos propios, en el más querido trovador del pueblo.
