Muchas veces me preguntan sobre los populares que conozco. Provoca curiosidad saber cómo son en persona físicamente, qué peculiaridades tienen en sus caracteres, alguna anécdota de mi relación con ellos… Lo que hasta ahora nunca a nadie de mi círculo le ha interesado es saber a qué huelen los famosos (o alguno en concreto).
Dentro del universo de las “vanidades”, como a todos nos sucede en las relaciones, yo tengo también mis preferencias y es bastante evidente –si han seguido una parte al menos de mi trayectoria-, que entre las favoritas se encuentran Paloma San Basilio y Mónica Naranjo. Dos divas de la música que también se han acercado al mundo de la belleza a través de una recordada línea de cremas, la primera, y de una esencia que acaba de presentar en Madrid, la segunda.
Más allá de la fragancia en sí, Mónica huele a la frescura de las risas y el “buenrollismo”; a la intensidad de las pasiones y a la serenidad de la madurez; a la profundidad del amor y, sobre todo, a la limpieza de la honestidad. Es por eso ha hallado en su marido, Oscar –Virgo, el signo de la integridad y la honradez-, el compañero que la complementa y la envuelve, al final, en ese perfume de la felicidad que, a su vez, ella emana tanto de su cuerpo como de su alma.
Cada encuentro es un placer y, cada entrevista que compartimos, enseñanzas que solo quienes han vivido mucho pueden aportarte. El resto, como los olores fugaces, suelen terminar desvaneciéndose pronto. Y a mí, serán cosas de este inminente invierno que se avecina, cada vez me gusta más el perfume fraguado… a fuego lento.
