…Aunque estoy convencido de que, si fuera millonario, tendría también problemas que solucionar, hay cosas que contemplaría bajo otra perspectiva. Y así se me ocurrirían mil maneras de pasar la vida sin aburrirme y haciéndosela más feliz a gente a la que quiero y con la que me encantaría compartir experiencias como viajar al milenario Egipto, ver un musical en Broadway o, puestos a soñar, pasar alguna noche inolvidable en una paradisiaca isla donde, bajo la luz de la luna, solo se escuche el sonido del mar.
Supongo que es eso mismo que pueden hacer personajes como Daniel Radcliffe, el recordado Harry Potter quien, a sus 25 primaveras, atesora una fortuna de… ¡86 millones de euros! Por no hablar de Beyoncé, la artista más rica de todas, la cual genera beneficios de más de 84 millones de euros… ¡al año! Ellen DeGeneres, Oprah Winfrey o Rihanna son otras de las que pueden presumir de guardar bajo el colchón más de lo que van a poder gastar jamás. Sin embargo, a la vista está, no es más feliz el que más tiene porque, volviendo a Radcliffe –por citar un caso de los muchos que pueden tener en la cabeza-, sus adicciones al alcohol estuvieron a punto de costarle la pérdida de todo lo material que el destino le había puesto en el camino.
Por eso, si el precio que hay que pagar es la autodestrucción personal, prefiero que mis calcetines vuelvan a amanecer vacíos de billetes pero ricos en esos sueños que, ahorrando un poquito, algún día se harán realidad. Para eso, Majestades, prometo ser todo lo bueno que me dejen. En vuestras mágicas manos confío.