El Coronavirus pone en la situación más difícil a SIMOF y a We love flamenco, pasarelas que se reúnen con sus diseñadores en búsqueda de unas soluciones que, de momento, no llegan.
Por Ricardo Castillejo
En este mes se hubiera producido la reserva que todos los años hacen las empresas -en especial, diseñadores-, interesadas en participar en SIMOF. Igualmente, en mayo se hubiera procedido a entregar la solicitud de los creadores que querrían presentar colección en We love flamenco. Sin embargo, la situación actual que vivimos por culpa del Coronavirus ha cambiado todos los planes y, de momento, se desconoce qué va a suceder en ninguna de las dos plataformas, que buscan soluciones que satisfagan a un sector bastante escéptico con su futuro.


Para empezar, la asociación Mof&Art, presidida por Pilar Vera, promovió recientemente una reunión -celebrada en unas instalaciones cedidas por Cajasol-, en la que participaron muchos de sus socios y de los que conforman Qlamenco, organismo al frente de la que está Pedro González, director artístico de SIMOF y mano derecha de Raquel Revuelta (responsable, a su vez, del Salón Internacional de la Moda Flamenca y de la agencia, Doble Erre, que articula su pasarela).

Ahí se pusieron muchos temas sobre la mesa, como la petición de ayudas institucionales para un colectivo que, sin ferias y sin romerías, no podrá resistir en pie mucho tiempo. Más unidos que nunca, estos profesionales se enfrentan a un futuro incierto tras haber participado, en SIMOF y We love, presentando unas colecciones que, en caso de que se retomaran estos espacios, en general tienen intención de recuperar, si bien dando algún toque de diferenciación.

Hay que tener en cuenta que la inversión que se hace en tejidos es mucha y que, por otro lado, los pases no son precisamente baratos (unos 1.400 euros en We love y en torno a los 3.000 euros los desfiles individuales de SIMOF, con stand incluido).

Con una muy preocupada Laura Sánchez -socia, junto al director de We love, Javi Villa, de Go Eventos, promotora del evento del Hotel Alfonso XIII-, ayer se produjo el encuentro de estos empresarios con muchas firmas participantes en este espacio, que tendría lugar en enero y que, en septiembre, querría realizar algún pequeño acto con el que avanzar la próxima edición. Y aunque algunas voces pidieron el cambio de escenario a otro más seguro -las 300 personas que acoge el Salón Real del hotel no tendrían cabida con las medidas actuales para celebrar cualquier cita-, la modelo afirmó que, por ahora, esa opción no es contemplada, siendo un desfile virtual una probable posibilidad que deja muchos flecos en el aire (como el precio, lo que más interesa a un colectivo que, si no lo ve muy claro, no parece muy dispuesto a gastar más dinero).

En cuanto a SIMOF, FIBES ha aplazado hasta después de verano sus reuniones para ofrecer alternativas, si bien se piensa en un formato más reducido en el que, cómo no, también se cuide la economía de sus participantes, muy quemados también con el hecho de que todo pase por vaciar unos bolsillos cada vez menos llenos. Sea como sea, en principio no se quiere dejar de celebrar la que sería la edición XXVII de un Salón que, en el Palacio de Congresos, sí tiene más oportunidades para darle forma a su puesta en escena.
Lo que nadie quiere pensar es que en 2021 no se diese el pistoletazo de salida, con la sevillana Feria de Abril, a un ramillete de festejos populares que, en Andalucía, sostiene una industria que, desde los trajes de gitana a los complementos, pasando por un sinfín de detalles más, lo está pasando peor que nunca. O todo el mundo pone de su parte, o el desastre podría ser mayúsculo y muy difícil de enderezar.