Los americanos tienen una frase que, en la farándula, encierra toda una filosofía: “The show must go on”. Esta sentencia, cuya traducción afirma que “el espectáculo debe continuar”, deben tenerla muy en cuenta aquellos que se dedican a alguna de las disciplinas artísticas que suponga ponerse delante de un público para transmitirle unas emociones que, sentidas o no, los receptores deben recibir como reales. Eso se traduce en que, sean cuales sean las circunstancias que se presenten en la vida de estos profesionales, a la hora de abrir el telón tienen que estar ahí, con el corazón disfrazado y haciendo vibrar a quienes han pagado una entrada por verles.
Y así lo mismo no saben lo sucedido esta semana en el Lope de Vega donde, el jueves, antes de comenzar las representaciones de la función que ha traído a Verónica Forqué o José Manuel Seda, entre otros, a nuestra ciudad, cogiendo un taxi a las puertas del teatro moría de un paro cardíaco el escenógrafo y director Andrea D´Odorico (responsable precisamente del actual título de “la” Forqué, “Así es, sí así fue”). Imagino que dar la cara en esos instantes, aunque sea recreando a otros, no debe ser nada sencillo. Por eso, desde aquí mi más sentido pésame a los allegados y un aplauso silencioso para rendir homenaje a otro gran maestro que se nos ha ido. Nada se para por nadie pero, compartir el dolor ajeno (y más cuando éste se esconde bajo una sonrisa), es señal de eso a lo que todos debiéramos aspirar: ser buenas personas.