Hasta no hace mucho intenté hacerle ver a una persona muy cercana que había muchas cosas respecto a mí en las que estaba equivocada. Pero como decía Einstein, “Es más fácil disolver un átomo que eliminar un prejuicio” y al final terminé poniendo tierra de por medio agotado por tantas malas interpretaciones. Por eso a mí me gusta escuchar a cada uno y dar, con tiempo, la oportunidad de que demuestre lo que es, algo que tarde o temprano se destapa para bien… o para mal.
Esta semana me visitaba en El Correo Televisión Raquel Bollo. Venía acompañada por Paco Cerrato al programa especial que he estado haciendo en Feria para esta cadena y, como siempre conmigo, fue amable y generosa. Ella, que se encuentra en el punto de mira de todo el mundo desde hace como quince años –que ya son años-, sabe muy bien sobre esta reflexión que acabo de realizar y, aunque en el corazón se te hagan “callos” con todo lo que te va pasando en la vida, uno no deja de sentir cierta tristeza al comprobar que, por mucho que digas o hagas, cuando alguien se ha forjado una imagen sobre ti, muy difícil lo tienes para cambiarla.
Sin embargo, hay algo en lo que sí se evoluciona y es en que, al encontrarte con personas así, cada vez inviertes menos en convencerlas de nada. Las puertas de mi casa están abiertas. Quien quiera puede cruzarlas pero, esos que vienen con ideas preconcebidas, que se queden mejor fuera.