Conocí a Marifé de Triana hace mucho tiempo cuando, en la que fue una radiofónica adolescencia, la llamé por vez primera para una entrevista telefónica. Desde entonces, periódicamente, ella y yo compartíamos confidencias acerca de nuestras vidas y de lo que, de forma progresiva, nos fue deparando el destino. ¡Ay, cruel verdugo éste que, de la noche a la mañana, le segó la alegría que compartía con su José María del alma cuando éste cayó enfermo de una embolia justo al poco de haberse retirado su mujer para disfrutar ambos sus últimos años juntos!
Desde entonces, Mari dejó a Marifé aparcada y se dedicó por completo al cuidado de un compañero por el que, en 2001, decidió volver a los escenarios con la idea de recuperar el patrimonio que había invertido en que a José no le faltara de nada. Eso sí, jamás dejó de atender a quienes se le acercaron buscando en su generosidad un gesto de cariño o un sabio consejo de quien venía de vuelta de casi todo. “Niño”, solía advertirme, “no se te olvide que, en esta profesión, debes ser yunque, para soportar los palos que te dan, y martillo, para dar tú un golpe cuando sea necesario”.
Y no se me olvidó. Ni se me olvidará. Porque Marifé dejaba huella. Sobre el escenario y, sobre todo, fuera. Ahí están las pruebas. En esos cientos de “copleras” a las que ha ayudado. En esos miles de admiradores que quedaron seducidos por sus canciones y por esa personalidad mezcla de mujer culta y popular, madre y amiga, artista y persona. En esa capilla ardiente y en ese entierro multitudinario con el que se dijo adiós a alguien insustituible que, hasta el último instante, guardó la secreta esperanza de reunirse pronto con su amor eterno.
A su lado, en el cielo, estoy seguro de que, como la gran “estrella” que siempre fue,seguirá cuidando desde la distancia de mí y de todos los que la quisimos mandándonos ánimos para ser “yunques” y “martillos” al tiempo que recitará a su admiradoRabindranath Tagore cuando éste escribía… “Me han llamado… ¡Decidme adiós hermanos míos! Renuncio a todo derecho sobre mi casa… Solo os pido buenas palabras de despedida”…