El que fuera director y creador de “¡Qué tiempo tan feliz!”, junto a otros formatos de éxito como “Está pasando” -o especiales musicales de artistas del nivel de Isabel Pantoja o David Bisbal-, prepara con ilusión su regreso a la “pequeña pantalla”
Es afable y cercano y, a pesar de ser uno de los nombres más respetados de la historia más reciente de la televisión, no tiene nada de divo. Al contrario. Yusan Acha te hace sentir a gusto desde el primer momento, contagiando con sus palabras la pasión que siente por su profesión. Amigo íntimo de personajes tan conocidos como Bisbal, Alejandro Sanz o María Teresa Campos -de la que primero fue prácticas, después compañero y luego, jefe-, este vasco de Vitoria de 46 años, licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de Bilbao, desembarcó en Madrid para encontrar allí el éxito como productor y director de espacios tan carismáticos como “¡Qué tiempo tan feliz!”. Un gran éxito que llegó a su currículum después de una amplia trayectoria en la que perteneció, como redactor o coordinador, a los recordados “Cada día”, “Lo que In-Teresa” o la “Gala de Nochebuena con Isabel Pantoja”. Recién incorporado como director de contenidos de Backstage Producciones, lo suyo es, como hará en breve, seguir sorprendiéndonos temporada tras temporada.
-Después de tanto hecho, ¿qué tiene que tener un proyecto para motivarte?
-Me encanta la información pura y dura pero para mí la televisión tiene que entretener contando historias desde el respeto. Debo emocionarme, que se pongan sobre la mesa sentimientos de llanto, tristeza, alegría… Todo lo que, pensando en mí como espectador, no me evoque eso, no me “pone las pilas”.
-¿Cómo se hace para no quedarse anclado? Porque, de hecho, las nuevas generaciones apenas ven televisión…
-Que un programa sea “trending topic” no significa que tenga audiencia. Esto ha evolucionado mucho, aunque yo soy de la escuela de Chicho, de “la” Campos, de Nieves Herrero… Es un error hablar de productos “antiguos” o “modernos”. Me parece más apropiado calificar algo de “bueno” o “malo”. Ahora, por ejemplo, se ha modernizado con Risto “Lo que necesitas es amor” y ha fracasado, aunque los sentimientos sigan estando de moda. Hay formatos eternos y yo estoy convencido que si “Un, dos, tres” volviera actualizado a los nuevos tiempos (en premios, vestuario, ritmo…), triunfaría.
-¿Existe una clave para que una producción funcione?
-La televisión es un negocio y no hay que darle tanta importancia como algunos le dan. Lo que sí está claro que, si seis millones de espectadores siguen algo, esto es bueno (aunque a ti no te guste). A mí lo que me funciona es estar muy al día de la actualidad, tener a un buen conductor (porque yo creo mucho en esa figura) que se enamore de ese proyecto y, sobre todo, que haya periodistas con olfato detrás (con o sin carrera). Todo ello con el buen gusto como límite.
-¿“¡Qué tiempo tan feliz!” es tu producción “fetiche”?
-Marca absolutamente mi vida para bien. Cuando propuse un espacio de música en la sobremesa me tomaron por loco y lo conseguimos. Es el programa del que más orgulloso me siento por lo felices que hicimos a tanta gente y porque devolvió a Teresa Campos al sitio que merecía. Lo dejé un año antes de que terminara y me ha servido para tener claro lo que no quiero hacer y que, cada dos o tres temporadas, he de buscar nuevas motivaciones y salir de mi “zona de confort”.
-¿Qué tal dirigir a María Teresa Campos? ¿Fue fácil que obedeciera tus órdenes?
-Empecé con ella de becario y de repente se cambiaron las tornas. Nadie la había dirigido jamás y las primeras semanas fueron complicadas. Nos reíamos mucho pero también discutíamos mucho, hasta que reconoció que yo hacía lo que quería como director pero a su medida. La conozco muy bien. No nos hace falta hablar ni mirarnos para saber lo que pensamos.
-Hay quien opina que está muy mayor para regresar de nuevo…
-Llevan diciendo que es mayor desde que tenía 60 pero es que empezó en la “tele” con 45. Me encantaría que descansara por ella misma pero no lo va a hacer y me parece muy bien. En todos los sitios hay una gran dama de la televisión y en España es “la” Campos.
-¿No ha perdido prestigio con aventuras como “Las Campos”?
-Ella es personaje desde la semana de empezar a presentar y no creo que haya perdido credibilidad. Se lo ha ganado a pulso aunque, a mí personalmente, no me haya gustado ese proyecto en concreto. La Teresa del día a día que yo conozco no es exactamente la que se ha visto.
-¿Vales más por lo que callas que por lo que cuentas?
-Absolutamente. Mi frase es “Si yo hablara… pero no voy a hablar” (risas). Lo mejor de mis 25 años de profesión son las personas que he conocido, anónimas o famosas, pero al público tampoco hay que contarle todo…
-Porque al final, en la “tele”, ¿cuánto hay de verdad?
-¡Uf!… Buena pregunta… ¡Me has pillado! Lo que pasa dentro lo vivimos con mucha autenticidad, pero no todo lo que se hace bajo el influjo de la “tele” es verdad. Muy pocos son ellos mismos cuando están en televisión. Los entresijos reales pueden defraudar un poco. Es mejor verla desde el sofá.
-¿Qué hace falta y qué sobra en la parrilla actual?
-Falta arriesgar un poco más y grandes “shows” musicales (no talents, que hay a rebosar). Y grandes programas de entrevistas, como los que hacía Mercedes Milá… Sobra imitar al de al lado. Funciona algo de cocina y, de pronto, todo es de cocina. ¡Ah! Y ojalá que, a nivel de directivos, hubiera más tranquilidad. La presión de las audiencias hace que la tele sea, cada día, examinarte de selectividad. Nadie se imagina lo que es eso. Estamos un poco tarados.
-Por cierto, ¿tiene ya nombre lo próximo?
-Sí. Se llama “Mamás y papás a la vista”, un docu-reality para TVE donde mostramos los casos de varias parejas, embarazadas o que acaban de tener un hijo, pero a las que les sucede algo que no les deja vivir la paternidad con plena felicidad.
-Detrás de las cámaras, ¿eres el rey de la “pequeña pantalla” en España?
-No, por Dios. Soy una esponja. Como director están Tinet Rubira u otros muchos. Me queda por aprender todo y en todo caso lo único que sería es un maestro de combinar sentimientos…




