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MÚSICA,

Rosario Mohedano: “He tenido dos momentos en mi carrera durante los que pensé dedicarme a otra cosa”

11 septiembre, 2020

Con “Sharala” ha triunfado este verano, consiguiendo convertir este tema suyo en el éxito que todo el mundo ha cantado, y bailado, a pesar de la triste época por la que pasamos.

Por Ricardo Castillejo

Han sido muchos años de esfuerzo y sacrificio, pero, finalmente, Rosario Mohedano ha saboreado el triunfo, con mayúsculas, gracias a “Sharala”, el tema que se ha convertido en la “canción del verano” y con el que ha sonado por todos lados. La sobrina de Rocío Jurado se consolida como autora e intérprete contando con una carrera de más de dos décadas en la que también ha conocido la cara menos bonita de la fama, siendo objeto -por parte de algunos espacios de Telecinco, sobre todo-, de unas agresiones desmesuradas que, como es normal, han hecho mella en su ánimo. Sin embargo, esta esposa y madre de tres hijos, tiene un ánimo, y una voluntad, a prueba de bombas. A las pruebas nos remitimos…

-¿Cuánto pesa en ti tu carrera y cuánto tu familia?

-En mí soy la última persona que pienso. Siempre me preocupo más por los demás. Es un ejercicio que debo hacer, el de tomarme un tiempo para mí. La verdad es que me vuelco mucho en los míos. Me gusta que me tomen en cuenta, que me cuenten sus alegrías y sus penas, aconsejarles y ser aconsejada por ellos… Son el 65 por ciento de mi vida y, el resto, es para mi profesión, que es donde me siento yo y donde recargo las pilas. 

-¿Eres tan dulce como madre como en el resto de facetas?

-Me encanta ser madre y estar con mis hijos. Todos los días aprendo algo nuevo y me emocionan sus besos y su cariño. Antes de ser mamá pensaba que sería amiga de mis niños, pero eso no ocurre. Deben tener en cuenta que soy su madre y guardar el respeto.

-Tu sonrisa es tu carta de presentación, pero… ¿Qué puede hacértela perder?

-No puedo con la injusticia. Es un sentimiento que me remueve por dentro y me eriza la piel. Da igual si es alguien que conozco o no o se trata de un animal, pero me hace reaccionar. Si hubiera nacido en otra época, me habrían matado por meterme en causas que lo mismo ni me van ni me vienen.

-En televisión, tu presencia es en la actualidad menos frecuente… 

-Bueno, estuve tres años en un programa todos los fines de semana y, por otro lado, en las cadenas autonómicas hay bastante menos espacios musicales. Lo único que he hecho ha sido adaptarme y quitarme de algunos sitios que me hacían daño pues, aunque no todas las épocas han sido buenas, sabía que, en la distancia, me iba a venir mejor. Donde sí me implico es en las redes, compartiendo canciones y humor, que es lo más bonito que puede haber. 


“En mí soy la última persona que pienso. Siempre me preocupo más por los demás. Es un ejercicio que debo hacer, el de tomarme un tiempo para mí”


-¿Cómo hace uno para protegerse ante ataques tan fuertes como los que tú has sufrido?

-Hay quien piensa que, por estar en una cadena pública, puede hacer lo que le dé la gana. Te refugias en los tuyos, en tu cotidianidad, y vas dejándote conocer para que la gente sepa más de ti. 

-Y cosas del destino, ahora en “Sálvame” se han rendido a tu “Sharala”…

-(Risas) En el confinamiento me mandaron varios vídeos que me hacían partícipe de ese cambio y comentaban que, como algo insólito, iban a hablar bien de Chayo Mohedano -que si llegan a decir Rosario Mohedano se hubieran llevado todo mi amor (risas)- y me sorprendió y lo agradecí. Todo queda si lo haces de corazón y tus pasos tienen que ser más contundentes que lo que otros digan… No ha sido fácil no saltar ante determinadas situaciones, pero, al final, he obtenido una pequeña recompensa. Hay quien me confiesa que me está conociendo más a través de mis directos y, después de más de dos décadas en activo, me sorprende, y me agrada, que haya quien quiera seguir descubriéndome.

-¿Has llegado a pensar en dejarlo?

-Sí… He tenido dos momentos en mi carrera durante los que pensé dedicarme a otra cosa. Una cuando volví de México, donde pasé un año trabajando con los mejores, y llegué a España para empezar de cero, algo que me hizo cuestionarme si merecía la pena. Lo que pasa es que soy muy cantarina y me di cuenta de que podía más mi pasión por la música que la lucha en sí por conseguir lo que deseas. La segunda vez fue un verano en el que sufrí un acoso brutal y unas críticas muy malas, pero hay que tener paciencia, respirar mucho y no tirar la toalla porque, si lo haces, entregas tu victoria. El destino termina recompensándote si das buenos pasos.


“Fue una experiencia maravillosa actuar con mi madre y repetiría, aunque ella sufría miedo escénico. Luego se dio cuenta de que, con el corazón, se ganaba al público»


-¿Piensas lo orgullosa que estaría tu tía Rocío de ti?

-Sé que lo estaría porque todos los míos están orgullosos. Y cuando digo todos los míos, es TODOS, sin excepción. Me han dado mucha felicidad en mi infancia y mi juventud y, ver cómo mi familia me acompaña, es motivo de mucho orgullo.

-No todo el mundo puede presumir de tener a “la más grande” como maestra directa… ¿Cuál es el mejor consejo que te dio?

-Ella me daba consejos para todo. Para sentarme, para ponerme en una foto… Era muy meticulosa y, como sabía que esto me encantaba, estaba muy pendiente. Lo que sí me recomendaba es que dijera y sintiera las cosas que cantaba.

-Luego te ha tocado, como artista, asesorar tú a tu madre, a la que le acabas de dedicar “Rosa de febrero”…

-Yo la asesoraba en el escenario y ella, en el camerino. Ella no deja de ser madre nunca y, aunque intenté separar los vínculos personales en lo profesional, no pude. De todos modos, fue una experiencia maravillosa actuar juntas y repetiría, aunque ella sufría miedo escénico. Luego se dio cuenta de que, con el corazón, se ganaba al público.

-Veinte años de trayectoria bien merecen un balance, ¿no?

-Hombre, si pudiera encontrarme con aquella Rosario veinteañera con ganas de comerse el mundo, le diría que no cambiase una coma, que viviera todo lo que le tocara vivir y que fuera paciente en las épocas malas para sacar de ellas lo mejor. De mi etapa en Sevilla, que no fue nada buena, tengo a mi hijo, que es lo más bonito del mundo. Las críticas que me hicieron me fortalecieron y, gracias a tener muchas sombras, pude agarrarme a una luz que vino seguida de muchas luces más. La Rosario Mohedano de hoy me dice lo mismo: que aproveche este instante dulce para cuando no lo sea tanto. 

Ricardo Castillejo

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